
Últimamente ha regresado la necesidad pertinaz de escribir, la narcisista tendencia de compartir lo que no tiene por qué interesarle a los demás, y creo que esto está explicado por el impacto estremecedor de la separación de un grupo de estudiantes de Psicología que ahora, y pese a todo, está viviendo lo que siempre supo que era inminente. Sin embargo, y pese a saber que el momento debe llegar, uno nunca termina de preparase para la ruptura casi simbiótica y parasitaria de las personas con que se convive tanto tiempo, y lo peor, es que cuando llega el momento de expresar cómo duele, de rebelar cómo se les extrañará y cuánta falta harán, las palabras no sólo no acuden, sino que se esconden en un silencio delatador.
Reinicio este blog por canalizar de algún modo lo que no me atrevo a decir, y es que, a fin de cuentas, pienso que la verdadera inspiración para escribir no sucede cuando deseas encontrar el mejor modo de expresar algo, sino cuando buscas desesperadamente la manera de ocultarlo.
Un abrazo psicólogos.
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