sábado, 25 de septiembre de 2010

"DESDE DÓNDE DEBE ESCRIBÍRSELE AL AMOR"

Después de varios intentos obstruídos por problemas de la página, estoy aquí, escribiendo para nadie, pero pensando en tantas cosas que es difícil no deviarse de la idea original.
El tema de esta entrada es una prgunta, incluso una pregunta aventurada: ¿DESDE DÓNDE DEBE ESCRIBÍRSELE AL AMOR?.. Quizás, o más bien definitivamente, habría que reponder antes a la cuestión universal de "¿qué es el AMOR?"...¿Una idea?¿Una respuesta fisiológica?¿Una palabra?¿Un refugio?¿Una motivación?¿Un pretexto?... Personalmente, apoyo la explicación que Freud, en su autobiografía, da a esta pregunta odiosa: "...hemos incluido entre los impulsos sexuales todos aquellos simplemente cariñosos o amistosos para los cuales empleamos en el lenguaje corriente la palabra 'amor', que tantos y tan diversos sentidos encierra.", una página después continúa "...todos los sentimientos cariñosos fueron originariamente tendencias totalmente sexuales, coartadas después en su fin o sublimadas."
Teniendo pues, definido un punto de partida, es interesante indagar DESDE DÓNDE debe escrbírsele al AMOR, y es que TODOS, en algún momento y de algún modo, hemos hablado de AMOR, incluso nos hemos atrevido a firmar que lo poseemos, y no sólo eso, sino que somos capaces de compartirlo con alguna o algunas personas. No notamos que no es la persona quien posee AMOR, sino que es el AMOR quien nos posee a nosotros; y no es verdad que lo compartamos, más bien sólo lo materializamos depositando nuestra "libido" en otra persona, pero no puede ser cualquier persona, debe ser alguien que nos corresponda; si no sucede así, la "libido" otorgada no es devuelta y el "narcisismo" resulta mermado.
Hoy, con todo ésto, considero que el mejor lugar para escribirle al amor es sólo uno: LA MÚSICA. Y es que, a pesar de que la buena poesía (tanto en verso como en prosa) es rítmica naturalmente, cuando se musicaliza una idea, se le otorga a las palabras un matiz indescriptible. Con los primeros acordes de una canción puede adivinarse si será de despecho, idolatría o protesta. Entonces, y recordando la afirmación de Lacan ("el `lenguaje` que poseemos está contaminado con las incrustaciones emocionales de nuestras figuras primarias, que son de quienes lo aprendemos; por eso, ¡el lenguaje no sirve!") podemos asumir que la música es una atribución auténtica e individual; lo que la constituye como la única oportunidad que tenemos de APROPIARNOS DE NUESTRAS PALABRAS. Es por eso que desde ahí, desde una partitura, debe escribírsele al AMOR.

"Para componer una canción no se requiere talento musical; más bien se necesita una temeraria capacidad para captar el fondo musical con que surgen en nosotros la ideas. Los grandes compositores escuchan la banda sonora de sus ideas. Su tendencia a la sublimación está importantemente desarrollada."

miércoles, 8 de septiembre de 2010

CABALLEROSIDAD (Parte III)

En conclusión, puede afirmarse que la CABALLEROSIDAD es, simultáneamente, una empresa que el hombre lleva a cabo para satisfacer dos fines inconscientes: proteger su propia masculinidad, y cortejar a la mujer.
Santiago Ramírez ha explicado en su libro El mexicano: psicología de sus motivaciones, de qué modo es percibida la figura materna (y por ende la femenina) dentro de la cultura mexicana. Explica el impacto que tiene la separación de la madre y cómo este evento determina y orilla al mexicano a lo que él denominó "imortamadrsimo", o sea, valemadrismo. Éste se da como un mecanismo de protección anticipado frente cualquier situación o persona que, por resultarnos importante, podría llegar a lastimarnos. Es decir, la consigna incosnciente es: ¨prefiero mil veces mostrar hostilidad e indiferencia ante lo que amo, antes de que ésto me dañe¨.
La caballerosidad es un fenómeno que no obedece a esta norma, e implica, sin duda, el hecho de poner en riesgo la guarida valemadrista con que nos protegemos de amar a alguien o a algo. Luego entonces, y definitivamente, no puede dejar de otorgársele a esta actitud (la caballerosa), toda la carga sexual/genital que se oculta tras el antifaz sublime de un comportamiento totalmente antinatural: UNO AMA A LA MADRE, PERO LA MADRE NOS TRAICIONA EN EL COMPLEJO DE EDIPO, ENTONCES, ANTE EL RIESGO DE UNA NUEVA TRAICIÓN, ES MEJOR MOSTRAR UNA ACTITUD VALEMADRISTA. SIN EMBARGO, AL SER UN VALEMADRES, CÓMO LOGRARÉ SEDUCIR A UNA MUJER... YA LO SÉ, LO HARÉ MEDIANTE UN RITUAL ACEPTADO SOCIALMENTE EN EL QUE, SIMULTÁNEAMENTE, PUEDA SER VENERADO POR MIS SEMEJANTES (SATISFACIENDO MI NARCISISMO), PUEDA MOSTRAR UNA CONDUCTA PROPIA EXCLUSIVAMENTE DE LOS HOMBRES (CONFIRMACIÓN DE MI MASCULINIDAD), Y, PRIMORDIALMENTE, SEA CAPAZ DE PERFORAR LA CERRAZÓN SEXUAL FEMENINA (PERFORACIÓN SIMBÓLICA DE LA VIRGINIDAD).. Éste es, sin duda, el discurso inconsciente y furtivo que da origen al honorable y bien ponderado fenómeno de ¨LA CABALLEROSIDAD¨.     Fin.