El 26 de julio de 1953, por fin, un grupo reducido pero decidido de jóvenes cubanos asaltaron vehemente y equivocadamente el "Cuartel Moncada"; fué un episodio frustrado pero, sin duda, determinante como pocos en la posterior guerrilla revolucionaria: de entrada, fué en conmemoración de este suceso que la campaña de 1959 se llamó "26 de julio"; luego, gracias a que fué fallida la emboscada, Fidel escribió uno de los discursos más románticos de la revolución "La historia me absolvera", y por último, de no haber sido frustrado el asalto al "Cuartel Moncada" el Ché Guevara habría sido un simple y lejano espectador de la liberación de Cuba (lo cual, sin duda, habría sido igual de importante).
En ocasiones, pareciera que la historia se empeña en confundir los rumbos con alarmas inesperadas, pero es entonces cuando hay que detenerse y comprender que, por más extraños que nos resulten, los caprichos de la historia terminan poniendo cada cosa en su sitio; dependerá como siempre, de la poesía del hombre, el modo en que los hechos serán transmitidos a las generaciones venideras.