... Él estuvo ahí, en las entrañas del combate,
en los sitios que lo adoptaron con orgullo,
creyendo en Marx, en la revolución, en Fidel,
en Latinoamérica; y no encontró nunca,
en su andar asmático de treinta y nueve años,
un pretexto lo suficientemente válido para
dejar de creer y, sobre todo, para dejar de
luchar por lo que creía.
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